“El concepto de Dios es de un gran autoritarismo ideológico”, sostuvo Fernando Lozada. Completamente pelado, y con una barba enrulada de varios centímetros que le cuelga desde la punta del mentón, este ingeniero mecánico y artista plástico, de treinta y pocos, parece un monje budista. Pero está claro que no lo es. Dice que milita para eliminar la “superstición” de la educación pública y que no cree en nada “sobrenatural”. En su casilla de email todos los días recibe mensajes con insultos, que lo señalan como “demoníaco”. Provocador, él se divierte. Ayer, poco después del mediodía, Lozada inauguró en esta ciudad, atiborrada de turistas pascuales, el II Congreso Nacional de Ateísmo, que finaliza mañana.
“Elegimos la libertad, rechazamos el dogma”, es el lema del encuentro.


