
Hace cinco años, Norma Castaño, santafecina y madre de un
joven adicto, denunció por televisión a quienes le
vendían droga a su hijo.
Se enfrentó, sin éxito, con la policía y las bandas de narcos. Hoy, entre el miedo y las amenazas, su pesadilla continúa. Esta es la historia de su lucha.
El 26 de marzo de 2003, a las 23 horas, en el programa periodístico El tema del día, emitido por la señal Cable&Diario y conducido por María José Ramón y Mariano Colombo, una mujer –esta mujer– llamada Norma Castaño, madre de tres hijos, de 8, 17 y 18 años, dijo, mirando a cámara, que estaba allí porque su hijo mayor, Gabriel, era adicto a las drogas, que ella había investigado, que podía señalar a quienes le vendían, y que había llevado pruebas de sus investigaciones a la
Dirección de Drogas Peligrosas de la Policía de Santa Fe durante un año sin obtener resultado. Dijo todo eso, lloró, y se fue a su casa. Al día siguiente, muy temprano, le golpearon a la puerta. Entredormida, Norma Castaño se asomó.
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La cuadra estaba llena de periodistas, de la televisión. Me querían entrevistar de todos lados. Les dije que bueno, pero que en la casa de la vecina, porque estaba mi hijo Gabriel y yo no quería que él se enterara.Pero no había cómo no enterarse: su historia trepó a la primera plana de los diarios y a los noticieros de televisión, que hablaron de la madre detective, la madre coraje y la heroína de Santa Fe. Ese mismo día su marido, un hombre llamado Marcelo Marinacci, recibió la notificación de un
cambio en su trabajo que implicaba, entre otras desventajas,
perder parte de su sueldo. Hasta entonces, y durante 19 años, se había desempeñado como miembro de la División Drogas Peligrosas de la Policía de la Provincia de Santa Fe.
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La Nación.